Marketing y ciencia: ¿Existe una fórmula musical para triunfar en la publicidad?

El título de esta publicación podría sugerirnos que la música es algo nuevo dentro de las estrategias de marca de las empresas. Sin embargo, la verdad es bien distinta. Nada más lejos de la realidad, las compañías llevan confiando en la música para sus campañas desde mediados del siglo pasado, época en la que el modelo de sociedad de consumo se estableció.

Marcas de juguetes, bolígrafos, refrescos… Los ejemplos de ‘jingles’ pegadizos son numerosos. En cualquier caso, atrás quedaron las canciones nostálgicas e ingenuas canciones que muchos recordamos, para dar paso a estrategias publicitarias totalmente monitorizadas en las que la neurociencia ha adquirido un rol fundamental.

En una realidad condicionada por una digitalización constante, los creativos y publicistas exploran nuevas formas de empatizar con un usuario que poco tiene que ver con el consumidor televisivo de hace 50 años. Es precisamente ahí donde entra la neurociencia como una herramienta capaz de conectar y captar la atención de un individuo sometido a miles de inputs visuales y auditivos.

A fecha de 2022 la tecnología es un elemento fundamental en las estrategias de marketing y publicidad. Y es que por aterrador que parezca, la tecnología ha sido capaz de asimilar y automatizar cuál es el tipo de música que, por ejemplo, nos pone a bailar o es más tendente a emocionarnos, todo ello con el objetivo de minimizar los riesgos de que una campaña pueda fracasar.

En cualquier caso, crear una composición musical que sea capaz de agradar a un gran público, como suele ser el target de una marca, supone un reto. Por mucho que pensemos que los gustos musicales entran dentro del terreno de la subjetividad y de lo personal, la verdad es que las grandes empresas han logrado establecer unas pautas generales de aquellos parámetros que mejor funcionan en los gustos y la retentiva del usuario prototípico.

Sea como fuere, el primer paso en cualquier campaña es siempre identificar la emoción que se desea transmitir. Una vez reconocida, la siguiente meta es seleccionar los acordes, ritmos y notas que reflejen con mayor eficacia la sensación que queramos trasladar a nuestro target. A este respecto, los acordes mayores acompañados de un ritmo rápido y ágil sería la combinación más apropiada si queremos comunicar valores de frescura y de entusiasmo de una marca determinada.

Pese a los augurios pesimistas de una gran parte de las personas, la entrada de las inteligencias artificiales no supone una amenaza, sino todo lo contrario. En un mundo en el que la publicidad resulta cada vez más intrusiva y ajena a los consumidores, la neurociencia ofrece la posibilidad de construir una vía alternativa para lograr una publicidad, paradójicamente, más humanizada. En este sentido, si hay algo cierto es el éxito abrumador que han tenido este tipo de prospecciones artificiales en las campañas publicitarias. Y es que, quién sabe… Quizás a fecha de hoy las máquinas y los algoritmos estén mejor capacitados para entendernos de lo que lo estamos nosotros mismos.

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