Foley: el secreto sonoro detrás de las películas
Aunque desconocido por la mayoría de la población, el foley es un auténtico arte y una parte fundamental en el éxito de una película
¿Alguna vez te has preguntado por cómo se crean los sonidos ambiente de las películas? El abrir de una cremallera, el sonido de los cascos de un caballo, el crujir de una puerta… Lo cierto es que todo este tipo de sonidos corrientes cobran más importancia de lo que se pudiera pensar dentro de la producción de cualquier producto audiovisual.
Entendidos como todos aquellos efectos de sonido cotidianos añadidos en la fase de postproducción de una película, los sonidos foley deben su nombre al productor cinematográfico Jack Foley, impulsor y creador de numerosas técnicas de efectos de sonido llevadas a la gran pantalla. A este respecto, Foley estuvo detrás de producciones como El fantasma de la ópera o Drácula, unas de las primeras películas con estos efectos de sonido.
Hoy, un siglo después de la salida de los títulos anteriores, lejos de haber perdido relevancia, el mundo del foley se ha expandido a nuevos formatos como series de televisión o los videojuegos. A medio camino entre el fenómeno ASMR y el audio inmersivo, la importancia del éxito del foley se debe a su capacidad de crear auténticas experiencias inmersivas ya sea jugando a un videojuego o viendo una película desde el sofá de nuestras casas.
En definitiva, el sonido tiene la capacidad de contar historias y hacernos sentir parte de ellas, ya que sin él las narraciones no serían capaces de transmitir las mismas emociones con tanta eficacia. Pensemos por un momento en títulos de miedo como Expediente Warren. En realidad, el género de terror es probablemente uno de los más complicados a la hora de diseñar todo el sonido para conseguir una reacción concreta en el público. Desde cuchillos apuñalando frutas hasta el sonido de una masa viscosa sobre un cristal, existen infinidad de técnicas para recrear, por ejemplo, sonidos de asesinatos.
En cualquier caso, el foley no es una muestra más de las múltiples utilidades que tiene el sonido como un elemento con una gran capacidad de transmisión y de comunicación de sentimientos, ideas y emociones. En definitiva, un componente que, aunque infrautilizado, guarda un gran potencial para marcas, ideas y proyectos de distinto tipo.