¿De qué forma ha cambiado nuestro oído con el entorno?
Notificaciones de correo electrónico, llamadas telefónicas, tráfico… Lo cierto es que el día a día de la sociedad está marcado por el ruido y una abundante cantidad de estímulos artificiales que resultan abrumadores a la par que ineludibles. En cualquier caso, si algo se puede sacar en claro de todo lo anterior es que esta nueva realidad ha provocado grandes cambios en la forma de relacionarnos con nuestro entorno, y es que hemos perdido la capacidad de escucha activa.
Pero, ¿qué trae consigo la pérdida de la escucha activa?
En definitiva, el sonido significa información. Para nuestros antepasados el sonido y la audición eran elementos fundamentales que les permitieron sobrevivir. A diferencia de la vista, el oído permite a las personas detectar lo que ocurre incluso detrás de nosotros: la presencia animales o incluso señales de amenaza a varios metros de distancia. Hoy, miles de años después, lejos de haber perfeccionado nuestras capacidades de reacción, estas se han ido quedando dormidas a medida que la sociedad de servicios, y con ello todo lo que ha traído consigo, se ha abierto paso.
Fruto de un proceso evolutivo o no, si hay algo cierto en todo esto es que hemos olvidado lo que realmente significa escuchar. Sin embargo, la esperanza no está del todo perdida. Consciente de esta problemática a nivel global, la comunidad científica incluye al sonido en multitud de sus estudios. De hecho, las relaciones que se establecen entre los seres vivos y su ambiente a través del sonido representa una disciplina científica completa que se consolidó durante la década de los 60s: la ecología acústica.
Precisamente, el término de escucha activa del que hablábamos antes es uno de los elementos más estudiados dentro de la ecología acústica. ¿Cómo nos relacionamos con nuestro entorno? ¿Nos escuchamos a nosotros mismos? ¿Prestamos atención al silencio? A este respecto, entre algunas de las herencias que el frenetismo de la sociedad actual nos ha dejado se encuentra el miedo irracional al silencio. Por contra, el hábito de practicar con regularidad la escucha activa en cada momento, prestando atención a la respiración tiene también efectos positivos en nuestra salud, al reducir los niveles de cortisol y con ello los problemas cardiovasculares.
Sin embargo, con un porcentaje de casi un 50% de la población mundial viviendo en núcleos urbanos, ¿es posible poner en práctica esa escucha activa en espacios acústicamente saludables? En realidad, estamos viviendo una época relativamente buena en este sentido, ya que a pesar de que las iniciativas todavía no han llegado a todos los rincones del planeta, se está despertando una sensibilidad especial respecto al confort sonoro urbano. Así, ciudades como Taipei, Londres, Barcelona o Estocolmo han diseñado parques acústicamente estudiados que actúan como islas de bienestar a las que poder escapar en medio de la vorágine de la ciudad.